10 de julio de 2008

De Águilas Versus Serpientes



A propósito de este comentario de un escritor cubano, mi viaje a Bolivia, y un artículo de un periodista chileno sobre ese país.

“...A todo lo largo de estos comentarios he podido detectar una suerte de resentimiento de blogueros que se sienten relegados al segundo plano de una blogosfera que, gústele a quien le guste y pésele a quien le pese, está dominada -en términos de calidad- por gente que lleva años ejerciendo el oficio de escribir y, más importante, de pensar. Ese resentimiento es consecuencia del igualitarismo a ultranza que el castrismo ha intentado inculcarle a sus súbditos. Ya no se trata de que el majá se empine y deje crecer sus alas, sino que a fuerza de insultos y consignas pretenda que las águilas bajen, se tiendan en el piso, y serpenteen en una marcha de ofidios. Ese es un sueño tonto y peligroso”.
Cesar Reynel Aguilera, en uno de sus comentarios en la bitácora penúltimos días, donde se debatía la conversación de El Yoyo con Yoani Sánchez, y que fue videograbada por El Yoyo en la Habana a principios de junio de 2008.

Desde edad muy temprana tuve problemas por no aliarme con un bando u otro. No porque no fuera capaz de formarme un criterio sobre un asunto; o arrimarme al lado de quien, aparentemente, estaba más cerca de la verdad, o fuera más conveniente alinearme por su poder y salpicamiento de prebendas; o, simplemente, porque me gustara más como lucía y como actuaba. El problema era que siempre fuí un individualista con aspiraciones de observador imparcial. ¡Qué empeño el mío, sobre todo siendo cubano! Pero no me considero como un individualista a la manera de un egoísta pendenciero, sino como la Real Academia Española define al indiviualismo: tendencia a pensar y obrar con independencia de los demás, o sin sujetarse a normas generales; a creer en la autonomía y supremacía de los derechos del individuo frente a los de la sociedad y el Estado.
La analogía entre el poético retrato sicológico que encabeza esta entrada, y el artículo de Peña, el escritor chileno, me vino a la cabeza porque, por motivos personales, tuve la oportunidad de viajar recientemente a Bolivia. Un país hermoso e interesante por su complejidad geográfica, étnica, cultural, económica y política; y que nunca pensé llegaría realmente a visitar. Sólo estuve allí dos semanas, lo suficiente para observar, oir, y comprender, desde mi también perspectiva foránea, uno de los aspectos que el reportero chileno percibió acerca de los acontecimientos en progreso en ese país latinoamericano: las consecuencias funestas para cualquier sociedad, bregando por organizarse para subsistir y progresar, cuando el concepto dualista y exclusivista de Águilas versus Serpientes rige la mentalidad de quienes se autoconsideran mejor calificados para gobernar, pensar, escribir; en fin, controlar los asuntos del estado y de la cultura. Por supuesto, ignorando y despreciando a los demás por razones de raza, educación o estrato social, y considerarando las aspiraciones de reafirmación ajenas a ellos como pretensiosas, irrevelantes y de no uso. Con ello lo único que han logrado es un cúmulo de odios y resentimientos nada conducentes a un ambiente donde la razón, y el respeto mutuos, faciliten un diálogo civilizado entre los diferentes focos de poder en tensión. Todavía recuerdo, de mis tiempos de escuela, la obra del escritor, intelectual y activista político argentino Domingo Faustino Sarmiento, que formuló esta temática en su trabajo Civilización y Barbarie. Vida de Don Facundo Quiroga, desde la perspectiva de la realidad en la Argentina del siglo XIX.
Este tipo de actitud frente a la realidad no es fácil de sostener en cualquier sociedad, o en cualquier conglomerado social autodefinido como especial y exclusivo. Pero sobre todo, en una sociedad totalitaria o en un conglomerado social autodefinido como especial y exclusivo con aspiraciones intelectuales totalitarias, a pesar de sustentar lo contrario: la diversidad. Lo cual equivale para mí a lo mismo, en cierto modo, o como diría Miguel Cabrera Peña en su artículo publicado en cubaencuentro el 6 de junio de 2008: La misma chola con otra pollera.

En ese muy particular país sudamericano, las águilas bolivianas escojen olvidar que los principales responsables, de lo que está sucediendo en el país, son ellos mismos. Porque siendo poseedores, según ellos, de “mejores genes” y un “bagaje cultural superior”, por tanto debieron haber sabido de antemano como evitar los problemas presentes. Por desgracia, como en muchas otras dicotomías de Águilas versus Serpientes en nuestro continente, las primeras estaban tan henchidas de ese espíritu elitista, que no podían ver más allá de sus nidos en las alturas (Hum, déjà vu, eso me recuerda algo). Hasta que por esas ironías de la democracia… (¡Oh, ya recuerdo, ...o de una revolución como un cáncer galopante dirigida por oportunistas o soñadores trasnochados!), se les posa al lado del nido una colmilluda Serpiente Magna, con alas sacadas de no saben dónde. El águila aprendió algo de biología, y está segurísima de que el gene alado no es propio de quienes están acostumbrados a serpentear en marcha de ofidios.


Ese viaje a Bolivia dejó en mi mente muchos sentimentos e ideas encontradas. Fue como visitar a la Cuba del ayer, salvando distancias históricas, culturales y desarrollo económico, en medio de los estertores de su por siempre raquítica democracia. Visité la caliente y húmeda ciudad de Santa Cruz, en una de las regiones que son centros de oposición a Evo Morales, y que está sumida en tensiones políticas y sociales que nadie sabe adonde la van a llevar. Estuve brevemente en La Paz, una especie de versión subdesarrollada de San Francisco, por ciertas cualidades topográficas y climáticas similares a las de esa ciudad norteamericana. Recalco lo de similares porque aparte de la pobreza, la naturaleza y el paisaje urbano es mucho más intenso y agobiante en La Paz. La ciudad fue construída en la boca de un volcán extinguido, aunque cualquier metáfora relacionada a su situación política presente es pura coincidencia. Desde Killi Killi, un mirador en las alturas que la rodean, puede notarse que el casco principal de la ciudad fue construído en una gigantesca cazuela, que es la boca del volcán apagado. Hacia la izquierda, la lava, quien sabe por cuanto tiempo, abrió un paso hacia el llano que se ve lejos en la distancia. A 11,811 pies sobre el nivel del mar, La Paz es la capital de estado más alta del mundo. Como ha crecido también hacia abajo, en dirección a la llanura, presenta otra peculiaridad: tiene diferentes climas según su ubicación relativa a la llanura o a las montañas.
El punto culminate de mi viaje fue visitar el Lago Titicaca. Una maravilla natural solo comparable en magnificencia al Gran Cañon del Colorado, ¡pero repleto de agua hasta los bordes! Allí solo pude estar un día, pues a 12,500 pies de altura sobre el nivel del mar, después de un rato mi cabeza la sentía como el globo del primer aeronauta mexicano Don Joaquín de la Cantolla. En toda esa región del altiplano, y en la cercana cordillera de los Andes, el indígena reina integrado perfectamente al entorno. El paisaje, al menos en esa zona cercana al lago, es una de una belleza simple, casi desnuda, con tonalidades de ocres, carmelitas oscuros, verde muzgo, y grises plateados al llover que quitan literalmente el aliento no solo por lo hermoso, sino también por la menor presión atmosférica y la escasez de oxígeno a causa de la altura en el lugar. 
La vuelta desde la villa de Copacabana, asentada a orillas del Titicaca, lo hice esta vez en un autobús repleto de indígenas aymarás rumbo a sus actividades habituales de trabajo, negocios o asuntos de familia. La mañana estaba lluviosa, y el paisaje era de una gran belleza sombría, con una luminosidad plateada que mi cámara barata le fue imposible captar realmente desde la ventanilla del vehículo en marcha. Ubicado en la zona densamente poblada y demográficamente "serpentina" de El Alto, que bordea la alta meseta y se asoma hacia la ciudad de La Paz como sitiador vigilante que está a cargo, el aeropueto adonde me dirigía para regresar a Santa Cruz estaba atendido y controlado mayormente por bolivianos de ascendencia indígena. En espera del llamado para abordar mi avión de vuelta al llano, me dediqué a observar cuidadosamente mis alrededores mientras leía un periódico local. A solo unos pasos frente a mí, y esperando el mismo avión, cuatro majestuosas águilas, enfundadas en elegantes trajes de sastrería perfecta y con finas bufandas de baby alpaca alrededor del cuello, conversaban con voces engoladas, y moviéndose majestuosamente con estudio, mientras ojeaban ocasionalmente con displicencia a los ofidios serpenteando a sus pies. El cuarteto enviaba señales evidentes de ser políticos tradicionales, lo cual pude comprobar más tarde. Como diría una conocida, famosa por sus dicharachos burdos pero certeros: “Amarillos, y con semillas en el c..., marañones”.
Las noticias, en la primera plana del periódico que leía, tampoco pintaban un retrato halagüeño para el otro bando en la dicotomía.


¡ADVERTENCIA! LAS IMÁGENES SON SALVAJEMENTE GRÁFICAS.

En teoría, con el poder del gobierno ahora en sus manos, pero incapacitados de llevar a cabo reformas profundas y beneficiosas para ellos a causa de la fuerte resistencia de la oposición, el odio y el resentimiento se manifestaban en formas barbáricas: grupos de ponchos rojos, seguidores manipulados de Evo González, masacraban perros indefensos en advertencia a sus enemigos.

El autor de la cita encabezando este artículo puede argumentar que el paralelo establecido, entre ella y la situación existente en Bolivia, es una tontería sacada del contexto que originó su comentario en primer lugar. En cierto modo, eso es cierto. Sin embargo, yo argumentaría que la filosofía elitista detrás de ese criterio, de la dicotomía Águilas versus Serpientes, es la misma que ha creado, o acentuado, barreras infranqueables de comunicación y colaboración fructíferas en los diferentes conglomerados humanos a través de la historia. En el caso particular de Cuba, el elitismo se ha manifestado en diversas épocas, y en diversas modos, del desarrollo de nuestra identidad nacional. Siempre con resultados demoledores para la economía, el gobierno, la civilidad, la cultura; pero sobre todo, la población del país. Es ese sueño de elitismo el que es realmente tonto y peligroso.

Espero que esta tesis no sea tomada como un ataque personal por el señor Cesar Reynel Aguilera.



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6 comentarios:

Anónimo dijo...

Estimado Oliverio,

La interpretación que hace de mi texto adolece de varias limitaciones lógicas:

1. Iguala la élite intelectual con una clase social.

2. Asume que la pertenencia a esa élite intelectual es un derecho de cuna.

3. Le adjudica a la élite intelectual un deseo de gobernar que no logro entender de dónde sale; porque la historia no lo confirma. Hitler, Stalin, y Mao, por poner algunos ejemplos, se preciaban de no ser intelectuales y no se escondían para expresar su desprecio por ellos. Algo parecido sucedió con el Che Guevara, con Castro, y sucede hoy con el Mico de Chávez o con el improvisado de Morales.

A partir de esos falsos presupuestos se lanza usted en un discurso que aplaudo (aunque esté lleno de un “buenismo” que en general no comparto), pero que nada tiene que ver con mi frase.

La élite a la que me refiero es, simple y llanamente, un concepto estadístico, y está basada en una distribución gaussiana del rendimiento intelectual de los seres humanos. Con esto quiero decir que -gústele a usted o no- siempre existirá, en cualquier área de la actividad humana, un grupo minoritario de personas que tendrán, a fuerza de trabajo y talento, un desempeño, dentro de esa área, que será superior al de la media.

Fíjese que digo: “gente que lleva años ejerciendo el oficio de escribir y, más importante, de pensar”. No digo, ni se me ocurriría decir, hijos de intelectuales, miembros de esta raza o de este grupo social, sólo subrayo el esfuerzo y la dedicación.

También digo: “Ya no se trata de que el majá se empine y deje crecer sus alas”, lo cual implica reconocer que el camino hacia la élite pasa por el esfuerzo (empinarse) y el talento (crecer, abrir, y batir la alas).

El gran drama de la América Latina es doble. Hay una clase oligárquica -y una alta burguesía- que pretende creerse el cuento de que la inteligencia y el talento son atributos de razas y grupos sociales. Esos tontos con plata hacen ojos ciegos al hecho, comprobado hasta la saciedad, de que el talento puede salir, y de hecho casi siempre lo hace, de cualquier esquina del mundo. Estos “clasistas” (entre los que pretende usted incluirme), están tan convencidos de que el talento les pertenece, que dejan de buscarlo fuera del estrecho marco de su grupo social, con el consabido empobrecimiento de los países donde viven.

La otra mitad del drama, por desgracia, es la noción populista, tan cara a los “líderes” guerrilleros y guerrillosos, de que no existe, ni debe existir, una élite intelectual cuya presencia sería “discriminatoria” y, por tanto, ajena a la causa del pueblo, y a los nobles intereses de los gobernantes vitalicios. Esta doctrina genera, en ocasiones, un ejército de tontos bien instruidos, pero cuida mucho que de ellos no puedan salir personas capaces de retar al poder con sus inteligencias. El resultado es un empobrecimiento de signo contrario al de los oligarcas.

Por otro lado, en los Estados Unidos de Norteamérica, crece cada vez más, dentro de ciertos grupos sociales, la noción post moderna del igualitarismo a ultranza. Ese es un lujo que los estadounidenses pueden darse después de haber disfrutado, durante más de doscientos años, de una democracia, y una cultura, que protege, con leyes y periódicos, el derecho a existir de una élite intelectual que es independiente del poder, y que dedica buena parte de su esfuerzo y talento a juzgar, criticar, y hacerle la vida un yogurt a ese poder. Cuando la América Latina tenga esa misma experiencia, durante más de doscientos años, yo me convertiré, si estoy vivo, a la doctrina post-neo-colonial del igualitarismo a ultranza, mientras tanto, mi respuesta a los liberales americanos es: Preferiría no hacerlo.

Saludos

César Reynel Aguilera

Pablo Palma Leal dijo...

Estimado César,

Gracias por su comentario esclarecedor. Es usted más explícito ahora en cuanto a lo que se refería cuando escribió el texto en cuestión. Como éste fue una tesis corta y generalizada (algo que sucede mucho entre los intelectuales, que sintetizan una idea y la llenan con referencias a personajes históricos, corrientes filosóficas, etc., asumiendo que de este modo vamos a entenderla como ellos la entienden), pues yo me tomé la libertad de interpretarla desde el punto de vista de mi interés. En este caso, el elitismo como fenómeno negativo, no sólo en el campo de la intelecualidad (los escritores, artistas, pensadores, etc. no son los únicos que se pueden agrupar bajo ese término), sino también las élites económicas y políticas. En la Cuba actual, el Partido Comunista, con su autoproclamada condición de vanguardia nacional, no es sino una élite que se considera como la única fuerza política capaz, con derecho a pensar y decidir por todos. En la Bolivia actual, la élite que controla la economía del país está dispuesta a desintegrar el país, aún más, con tal de mantener las cosas a su modo (si se escarba la historia del país, encontraremos antecedentes de esa posición y sus consecuencias).
Usted afirma que mi interpretación adolece de varias limitaciones lógicas (yo me atrevería afirmar que usted se refiere a SU lógica):
Primero, yo no igualo la élite intelectual con una clase social. Eso lo ha asumido usted. Pero, ¡vamos!, la élite intelecual, como cualquier otro grupo humano, está compuesta de individuos que por nacimiento, o por adopción al suicidarse como clase, se alinean consciente o inconscientemente a una clase social.
Segundo, ¡de vuelta a las asunciones!, que parecen provenir de que asume que yo igualo élite intelectual con clase social. Yo sé que la pertenencia a esa élite es un acto de libre albedrío. Aunque, a veces, los genes influyen algo.
Tercero, ¿realmente cree usted que miembros o grupos de la intelectualidad, tanto de la derecha como de la izquierda, no desean gobernar directa o indirectamente (o al menos influir) en el destino de un país o región?
¿Qué me dice de Domingo Faustino Sarmiento, intelectual argentino que asumió la presidencia de Argentina entre 1868 y 1874; o Rómulo Gallegos, intelectual venezolano que asumió la presidencia de Venezueal en 1948, y fue derrocado unos meses después? Visite este sitio http://www.aporrea.org/regionales/n105433.html para que vea una lista de intelectuales que, aunque algunos de ellos están manipulados por los verdaderos perpetradores de cambios radicales, buscan influir directa o indirectamente en la política latinoamericana. Y éste no es solo un fenómeno de la izquierda, también sucede en la derecha. Eso de que los intelectuales son unos incomprendidos, en los que se ensañan sin motivos las fuerzas y los personajes oscuros de la historia, lo resumo con una sola palabra: superficialidad. Usted mismo colabora en penúltimos días, sitio bien comprometido con la causa del triunfo de la democracia en Cuba.
En cuanto a la etiqueta de “buenismo”, que trata de pegarme en la solapa, como se le hizo a Ernesto Menédez – Conde y a otros, le recuerdo que ése es uno de los métodos típicos usados por esas fuerzas totalitarias, que tanto despreciamos los que pensamos y tenemos identidad propia, para ridiculizar, disminuir, y acusar veladamente de estar en el bando equivocado (ya que no se puede afirmar que uno sea castrista) al que no coincide con quienes pretenden acaparar la verdad absoluta. ¿Cuál es el antónimo de “buenismo”, acaso “malismo”? ¡Vaya, póngase esa etiqueta para que todos vean que no piensa como yo!
Estoy cien por cien de acuerdo con usted en lo que afirma en el último párrafo. Vivo en los Estados Unidos desde hace muchos años y sé a que se refiere. Sobre todo en este San Francisco, donde cada cual tiene una opinión propia que expresa no sólo públicamente, sino a grito pelado muchas veces. En lo que no coincido es en su afirmación final. No hay que esperar doscientos treinta y dos años a que otros (acostumbrados como estámos muchos cubanos a que nos saquen las castañas del fuego) trabajen hacia ese igualitarismo a ultranza de que habla con respecto a los liberales americanos. Ellos poseen lo que tienen ahora porque desde 1776 empezaron a trabajar, con diligencia, en las diversas áreas del quehacer intelectual, económico y político de la nación. Sin esperar, convenientemente, a que les fueran otorgadas esos beneficios. Para lograrlo, les hizo falta una buena dosis, simultánea y balanceada, de “buenismo” y “malismo” creador.

Saludos,
Pablo Palma Leal

Anónimo dijo...

Estimado Oliverio,

Permítame, por favor, explicarle algo: No existe una lógica suya y una mía, como mismo no existen unas leyes de Newton suyas y otras mías. La lógica es una, y reconocer eso forma parte del bagaje de cualquier intelectual, además de ser una excelente herramienta para comunicarse, y para evitar malentendidos e insultos a las inteligencias ajenas.

Usted dice en su post: “A solo unos pasos frente a mí, y esperando el mismo avión, cuatro majestuosas águilas, enfundadas en elegantes trajes de sastrería perfecta y con finas bufandas de baby alpaca alrededor del cuello, conversaban con voces engoladas, y moviéndose majestuosamente con estudio, mientras ojeaban ocasionalmente con displicencia a los ofidios serpenteando a sus pies”. Con esa oración usted establece una conexión lógica (de similitud o transferencia) entre las águilas que yo utilizo en mi texto, y unos políticos que usted detesta y necesita pensar que yo no.

El antónimo de “buenismo” no es “malismo”, es duda, es rigurosidad en el pensamiento, es coherencia intelectual, es coraje o cualquier término que nos diga que una persona fue capaz de resistir ese impulso, ancestral, que todos tenemos de “sentirnos” buenos, y decidió intentar la comprensión de algo antes de emitir un juicio moral. Yo no le puedo decir que me apunto al “malismo”, si lo hiciera estaría mintiendo porque, ya le dije, estaría negando de mi condición humana. Lo que si le puedo decir es que, a cada rato, descubro, o me hacen descubrir, que estoy practicando el “buenismo”. Nadie es completamente incólume a esa tentación, y nadie debe sentirse ofendido porque le recuerden que cayó en ella. Todo lo contrario, es algo que debemos agradecer (al menos yo lo hago).

Saludos,

César

Pablo Palma Leal dijo...

Estimado César,

Para serte sincero, leí hace algún tiempo atrás, creo que fue en penúltimos días, que a alguien le aplicaban el concepto de "buenismo" para criticar sus opiniones. Ya no recuerdo que fue, ni las explicaciones que se dieron. ¿De dónde viene ese concepto, quién lo creó, que significa realmente "buenismo"? ¿Hay literatura del tema que amplie mi entendimiento al respecto, o es sólo el producto de una mente, o mentes, necesitadas de establecer hitos intelectuales para que otros las adopten como suyas, y de ese modo sentirse elevados con ese reconocimiento? ¿Podrías recomendarme una lectura sobre "buenismo", y podrías tú, personalmente, explicarme el término?
Deseo me creas sincero cuando te afirmo que no hacía ningún enjuiciamiento personal sobre tí cuando escribí esa frase que citas. Sería irracional sencillamente: no te conozco en lo absoluto para vincularte a tí, personalmente, con la idea de que te gusten los políticos tradicionales a que me refería. Lo que hice fue tomar prestado tu dicotomía de águilas y serpientes para desarrollar mi tesis con respecto al elitismo en general.
Por favor, espero que me ilumines en cuanto al concepto de "buenismo". Me interesa ese tema.

Saludos,

Oliverio Funes Leal

Anónimo dijo...

Estimado Oliverio,

Ni se preocupe usted. Perder tiempo en la escuela, leer, escuchar enjuiciamientos de mi persona, e intentar reproducir mis genes, son las únicas cosas que he hecho en esta vida con cierta regularidad. Si de algo estoy convencido es que sus intenciones fueron puramente dialécticas (conversación entre ideas), de otra forma no habría empleado tiempo alguno en esta conversación. Y creo que sí, tiene usted razón, se impone un estudio sobre el buenismo. A ver si Penúltimos días se embulla a comprar la idea.

Un saludo cordial

César Reynel Aguilera

Pablo Palma Leal dijo...

Estimado César,

¡Qué bueno que contestó! Gracias por hacerlo, pensé que seguiría ofendido, pero veo que no fue así. Ganó el entendimiento y el respeto mutuo (¡alguien puede que nos acuse de "buenismo" por ello!).
Su idea de debatir ese concepto en un foro me parece muy interesante. Aunque podría convertirse en uno romano, con gladiadores, leones, y pulgares nobiliarios otorgando a su antojo vida o muerte a los contrincantes. Penúltimos Días sería un buen lugar para ello. Usted tiene voz allí, y a lo mejor ellos compran la idea como usted dice y se forma un buen debate al respecto. ¡Todo por el esclarecimiento y, en caso de que no se pruebe lo contrario, la desestimación de clichés simplistas!
Mis mejores saludos para usted y su familia. En San Fracisco tiene un amigo,

Oliverio Funes